InicioDeportesLa crisis de Boca la tienen que solucionar los jugadores

La crisis de Boca la tienen que solucionar los jugadores

Boca está en una situación crítica donde el peor partido parece ser siempre el próximo. Con 11 partidos consecutivos sin ganar y 100 días sin conocer la victoria, la reciente eliminación ante Atlético Tucumán en Copa Argentina y la última derrota ante Huracán por 1-0 confirmó una realidad que duele: el equipo no encuentra el rumbo y los principales responsables de revertir esta situación son los propios jugadores.
El 2025 de Boca comenzó con la eliminación temprana ante Alianza Lima en la Copa Libertadores y no ha dejado de acumular decepciones. La salida de Fernando Gago, la continuidad de Mariano Herrón y ahora la gestión de Miguel Ángel Russo han sido incapaces hasta ahora de enderezar el rumbo de un plantel que parece desconectado de la exigencia que representa vestir la camiseta azul y oro.
El Mundial de Clubes ofreció un respiro momentáneo cuando el equipo mostró dignidad ante rivales de elite como Benfica y Bayern Munich. Sin embargo, la eliminación frente al Auckland City en la primera ronda destruyó cualquier optimismo y marcó el inicio de una espiral descendente que continúa hasta hoy. Adicionalmente, aquellos jugadores que podían empezar a ser parte de la recuperación, terminan en muchos casos siendo las primeras víctimas. La última situación con Merentiel en el entretiempo ante el Globo es la mayor prueba de algo que se repite: aquellos que juegan bien en el Xeneize, aunque sea por comparación con los demás, suelen ser los que no terminan jugando. Una crítica que le cabe a Russo desde su regreso.
Pero mas allá de eso, y mientras los debates se centran en la gestión de Juan Román Riquelme, existe un factor que permanece en las sombras: la actitud de los futbolistas. Y la realidad es que ningún cambio de entrenador o refuerzo puede suplir la falta de compromiso básico en el terreno de juego que muestran muchos de los jugadores del plantel.
Los problemas van más allá de lo táctico. Boca comete errores elementales que revelan falta de concentración y compromiso. Las faltas innecesarias cerca del área propia, la deficiencia en las pelotas paradas y la incapacidad para ganar rebotes son síntomas de un equipo que no comprende la urgencia del momento.
La última fecha dejó algo claro. Con apenas un puñado de goles convertidos, la mediocridad general no justifica el rendimiento de Boca. Equipos con menos recursos y jerarquía individual muestran mayor compromiso y organización. En un fútbol tan parejo desde lo físico, no podés dar la ventaja de la actitud. Racing, Independiente y River enfrentan sus propias críticas internas, pero sus jugadores no transmiten la sensación de abandono que caracteriza al plantel xeneize.
Más allá de las modificaciones tácticas que pueda implementar Russo, el problema central radica en la mentalidad de los jugadores. La sensación de que cuando le hacen un gol a Boca se terminó el partido refleja una fragilidad mental que ningún entrenador puede solucionar desde afuera. Depende de un cambio de mentalidad de los propios futbolistas.
Figuras como Marcos Rojo, que públicamente expresó su malestar por no ser convocado, evidencian una desconexión entre el discurso y la realidad del vestuario. Mientras algunos jugadores buscan excusas o protagonismo mediático, el equipo sigue sin mostrar la rebeldía necesaria para revertir la crisis.
Con el próximo partido ante Racing programado para dentro de dos semanas, Boca tiene tiempo para trabajar, pero también para que se profundice la reflexión interna. Los futbolistas deben entender que han llegado a un punto límite donde cada partido se convierte en una oportunidad de redención o en un nuevo escalón hacia el abismo.
La dirigencia puede cambiar entrenadores, el Consejo de Fútbol puede disolverse, pero son los 11 jugadores que pisan el césped quienes tienen en sus pies la posibilidad de cambiar la historia. Sin actitud, sin sacrificio y sin la comprensión de que representan a una institución centenaria, cualquier plan táctico está condenado al fracaso. La crisis de Boca podrá empezar a resolverse cuando los jugadores asuman que la camiseta que visten exige mucho más de lo que están dando, que con declaraciones vacías no alcanza y se decidan a transformar la frustración en rebeldía futbolística.

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