Los dirigidos por el argentino Mauricio Pochettino no pudieron ante la Die Mannschaft en un amistoso previo al comienzo de la Copa del Mundo, disputado en el estadio Soldier Field.
Los goles para el conjunto de Julian Nagelsmann fueron obra de Kai Havertz y Leroy Sané, mientras que para los estadounidenses convirtió Antonee Robinson.
El encuentro comenzó cuesta arriba para los yankees, que arrancaron perdiendo prácticamente desde el vestuario. Al minuto de juego, Alemania aprovechó un tiro libre cedido en la puerta del área y golpeó rápidamente. Joshua Kimmich, capitán del Bayern Múnich, ejecutó un centro milimétrico que encontró la cabeza de la “Cobra” Havertz, quien continúa estirando su gran racha goleadora tras haber marcado también en la final de la Champions League con Arsenal, en lo que había sido su último partido oficial de la temporada.
A partir de allí, los de Nagelsmann comenzaron a manejar la pelota y el ritmo del partido con tranquilidad. Estados Unidos aguardaba replegado en su campo, apostando a algún contragolpe. Alemania generó algunas situaciones gracias a los intentos de Jamal Musiala y Leroy Sané, aunque sin demasiada profundidad. De hecho, el mayor peligro parecía generarlo el propio conjunto estadounidense cada vez que intentaba salir jugando desde el fondo y comprometía innecesariamente a su defensa.
Pasada la media hora y con el trámite algo planchado, el equipo de Pochettino empezó a animarse un poco más. Los más experimentados, como Christian Pulisic, Weston McKennie y Sergiño Dest, comenzaron a asociarse y a darle circulación al balón.
Así llegó el empate. A los 35 minutos del primer tiempo, Pulisic ejecutó un córner desde la izquierda que fue rechazado por la defensa alemana. El rebote le quedó a Antonee Robinson, ubicado en la medialuna del área, el jugador del Fulham sacó un derechazo memorable, de esos que sueña cualquier futbolero, para clavar la pelota contra un palo y establecer el 1-1.
Estados Unidos se encontraba con el empate sin haber hecho demasiados méritos, pero desde allí el partido se volvió mucho más dividido, físico y trabado.
En el comienzo del segundo tiempo se mantuvo esa misma tónica: ambos equipos corrían, luchaban y disputaban cada pelota, aunque sin generar demasiado peligro. Hasta que, a los 57 minutos, el tetracampeón del mundo sacó a relucir toda su jerarquía. Musiala encontró un espacio y filtró un excelente pase de primera para Havertz, que asistió rápidamente a Sané. El ex Bayern llegó apenas a puntear el balón de manera exigida, pero fue suficiente para vencer al arquero estadounidense y marcar el 2-1 definitivo.
Después del segundo gol, los dirigidos por Pochettino no lograron reaccionar ni generar situaciones realmente peligrosas para inquietar al área alemana. Los de Naggelsman, por su parte, bajaron definitivamente la persiana y manejó el cierre del encuentro con experiencia e inteligencia.
Ambos equipos se midieron mucho desde lo físico y quizá la cercanía del Mundial influyó para no arriesgar más de la cuenta y evitar llegar golpeados a la máxima cita. Sobre todo teniendo en cuenta que son dos selecciones que perfectamente podrían cruzarse en instancias decisivas.
De todos modos, se notó una clara mejoría en el fútbol de Estados Unidos. El conjunto yankee se plantó de gran manera ante una selección alemana que, si bien atraviesa un proceso de reconstrucción, mantiene intacta su historia y jerarquía.
Ahí es donde aparece, lógicamente, la mano de un entrenador experimentado como Mauricio Pochettino. Además, Estados Unidos lleva varios años invirtiendo fuertemente en el crecimiento de su fútbol, incorporando figuras con pasado europeo para nutrirse de la verdadera élite futbolística y dejar atrás la mirada tradicional del “soccer”.
Habrá que ver qué versión presenta el conjunto estadounidense en la Copa del Mundo, especialmente teniendo en cuenta que será anfitrión y tendrá la obligación de estar a la altura de las expectativas.




