Riquelme emerge como figura nuevamente y el tiempo le da la razón. La reciente consagración de Boca Juniors en el Torneo Proyección de Reserva tras vencer por penales a Gimnasia y Esgrima La Plata se convirtió en un nuevo capítulo de una historia que, lejos de limitarse al resultado deportivo inmediato, refleja la construcción de un modelo de gestión que excede ampliamente el plano futbolístico de la primera división.
Tras asegurar su clasificación a la Copa Libertadores 2026 y enfrentar este domingo a Racing por las semifinales del Torneo Clausura, el proyecto liderado por Juan Román Riquelme como presidente del club comienza a mostrar su dimensión más completa. Una gestión que fue sometida a duras críticas y operaciones durante los meses más complejos del año, cuando el equipo atravesaba un momento futbolístico irregular. Ahora, con el primer equipo encaminado, los resultados en múltiples frentes le empiezan a dar la razón.
El llamado “Boca Predio”, término que durante meses fue utilizado con sorna por detractores de la gestión, se posiciona como el semillero más exitoso del fútbol argentino en el año. La institución no solo es líder en la tabla general de inferiores, sino que la Séptima División dirigida por Antonio Barijho y Martín Andrizzi también se consagró campeona. En ese sentido, muchos hinchas han podido ver los frutos de ese trabajo en la reciente final de la reserva y ya la proyección de varios de esos jugadores al primer equipo se hace mucho más sencilla.
Pero el éxito institucional no se agota en el fútbol masculino. El equipo de fútbol femenino disputó la final de la Copa Libertadores de América, consolidando a Boca como el club más ganador de la disciplina en Argentina con 32 títulos oficiales. Además, el club compite en futsal buscando el ascenso, una actividad que había estado ausente durante largo tiempo. En el básquet, una sección que históricamente había sido relegada en la estructura deportiva del club, se encamina hacia el tricampeonato de la Liga Nacional, un logro impensado hace pocos años.
Esta diversificación deportiva convive con una renovación de infraestructura. Las obras en La Bombonera incluyen mejoras en la tribuna platea, ampliación de sanitarios, una nueva puerta en la calle Brandsen y una pantalla gigante, entre otras reformas. Todo apunta hacia un gran anuncio que debería llegar en los próximos meses. Además, el club decidió reintegrarse con la vida social del barrio de La Boca, algo que en otros momentos había sido menospreciado. El predio de Ezeiza, donde entrenan tanto el plantel profesional como las divisiones inferiores, también recibió inversiones significativas, con renovación de la pileta para el próximo verano, un nuevo gimnasio y mejoras en los alambrados e iluminación.
La gestión de Riquelme, que asumió la presidencia después de haber sido vicepresidente a cargo del fútbol desde diciembre de 2019, atravesó este año meses de fuerte cuestionamiento mediático. Es cierto que el equipo en varios momentos no encontró su mejor versión, y la derrota con Alianza Lima en el inicio del año resultó muy costosa. Sin embargo, la respuesta llegó desde todas las áreas: títulos en inferiores, competitividad en otras disciplinas, mejoras edilicias y, finalmente, un equipo que de la mano de Leandro Paredes, que regresó al club también por una fuerte gestión de Riquelme, recuperó su mejor versión en el momento decisivo del año.
Boca se juega el acceso a la final del Torneo Clausura con la tranquilidad de haber asegurado su presencia en la Copa Libertadores 2026 y con la certeza de que, más allá del resultado, la gestión Riquelme ha logrado construir un modelo que trasciende lo puramente futbolístico y abarca todas las dimensiones de un club social. Incluso se dio el gusto, si se me permite el término, de dejarle un problema mayúsculo a su clásico de toda la vida con la victoria por 2 a 0 en La Bombonera. Ahora River depende de que Boca salga campeón para acceder a la misma fase que muchos a comienzos de años denostaban y decían que no equivalía a jugar la Copa Libertadores.
Es verdad que para los hinchas al final del día los resultados son los que mandan, pero la fortaleza de Riquelme está en haber sabido llevar esos momentos de zozobra sin cambiar su estilo o su visión. Hizo los ajustes que consideraba necesarios, pero siempre siguiendo la línea y la convicción de lo que él cree correcto. Tal como sucedió con Miguel Ángel Russo y ese pacto basado en el afecto mutuo entre dos personas que logró conmover al mundo del fútbol.
Ya lejos quedan esas mesas televisivas donde se hablaba de una supuesta crisis institucional que nunca existió. Y la prueba de que nunca existió es que una vez despejado el nubarrón de los malos resultados del primer equipo, el panorama en el resto del club se ve cada vez mas claro.





