El campo sigue siendo la gran usina exportadora, pero energía y minería están modificando la matriz de ingreso de divisas al país.
El agro, todavía en el centro de la escena
La Argentina atraviesa una transformación de su matriz exportadora que no implica el desplazamiento del campo, sino la aparición de nuevos motores capaces de complementar a una estructura históricamente sostenida por la agroindustria. Esa es una de las principales conclusiones que surge del informe sobre comercio exterior elaborado por el Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones (CIG) de la Universidad Austral, que analiza la evolución reciente de las ventas externas y, especialmente, el papel que desempeñan las provincias en la generación de divisas. El diagnóstico es contundente: el agro continúa ocupando un lugar central, pero energía y minería avanzan a una velocidad que está modificando el mapa exportador argentino.
El cambio puede observarse con claridad al analizar la composición de las exportaciones. La agroindustria continúa siendo el principal componente de las ventas externas, con una participación cercana al 32% del total. A ese liderazgo se suma el peso de los productos primarios y de las manufacturas de origen agropecuario, que constituyen una parte fundamental de la capacidad argentina para generar divisas.

una velocidad que está modificando el mapa exportador argentino
El mapa exportador argentino está cambiando
La Patagonia pasó de representar el 14,8% de las ventas externas en 2025 al 17,8% en el primer semestre de 2026, impulsada principalmente por la energía. El caso más significativo es Neuquén: alcanzó US$4.283 millones en exportaciones, creció 84,5% interanual y pasó de representar apenas el 0,25% de las exportaciones nacionales en 2015 al 8,7% en 2026. Así, se convirtió en la tercera provincia exportadora del país, detrás de Buenos Aires y Santa Fe.
De todos modos, la región Pampeana concentra la mayor parte de las exportaciones argentinas, con una estructura en la que predominan los productos primarios y las manufacturas de origen agropecuario. No se trata de una región homogénea: conviven territorios con una fuerte especialización agroindustrial con otros donde la industria tiene una participación mucho más significativa.

Santa Fe representa uno de los ejemplos más claros de esa especialización. Su estructura exportadora está fuertemente vinculada con la agroindustria y, en particular, con el complejo oleaginoso. El polo de procesamiento y embarque instalado alrededor de Rosario constituye uno de los principales nodos de transformación de granos en el país y explica buena parte de la capacidad argentina para convertir producción agrícola en alimentos, aceites y subproductos destinados a los mercados internacionales.
Córdoba, en cambio, presenta un perfil más diversificado: combina productos primarios y manufacturas de origen agropecuario, con una participación relevante de cadenas como soja, maíz y maní, pero al mismo tiempo cuenta con una base industrial vinculada con los sectores automotor y metalmecánico.
Soja y maíz: los gigantes que sostienen la balanza
El protagonismo agroindustrial también se refleja en el peso de los grandes complejos exportadores. En 2024, por ejemplo, el complejo sojero explicó USD 19.111 millones de exportaciones agroalimentarias, equivalentes al 41,9% de ese universo, mientras que el complejo maicero aportó USD 7.263 millones, otro 15,9%. A ellos se sumó el complejo triguero, con USD 2.750 millones. En conjunto, estos grandes complejos muestran hasta qué punto la producción de granos y su transformación industrial continúan siendo determinantes para la inserción internacional argentina.
La importancia del agro también se observa en la recuperación reciente de los volúmenes exportados. Durante los primeros cinco meses de 2026, las exportaciones agroindustriales argentinas alcanzaron 53 millones de toneladas, un récord histórico para ese período, mientras que el valor llegó a USD 22.383 millones, con una mejora interanual del 17%. Girasol, trigo, maíz, lácteos, legumbres y otros complejos explicaron buena parte de esa evolución.

El nuevo mapa: energía y minería ganan terreno
Pero mientras el agro mantiene su peso, la Argentina está incorporando nuevos motores exportadores. El informe de la Universidad Austral identifica a Vaca Muerta y la minería como dos de las transformaciones estructurales más relevantes de los últimos años. En particular, las exportaciones de petróleo crudo alcanzaron USD 4.693 millones, con una suba del 47,7%, mientras que las ventas de carburantes avanzaron 53,5%. La expansión energética también está reduciendo la necesidad de importar combustibles: el índice de cantidades importadas de combustibles y lubricantes cayó 62,1% entre 2022 y el primer semestre de 2026.
El fenómeno tiene una expresión territorial muy concreta: Neuquén multiplicó por más de 30 sus exportaciones en una década, impulsada prácticamente en su totalidad por el desarrollo hidrocarburífero de Vaca Muerta. El salto modifica el peso relativo de la Patagonia y demuestra que la generación de divisas comienza a distribuirse entre una mayor cantidad de sectores y territorios.
La minería constituye el otro gran frente de expansión. Las exportaciones de minerales metalíferos y litio muestran un fuerte dinamismo, en particular a partir del desarrollo de proyectos en provincias como Jujuy, Salta y San Juan. El informe advierte, sin embargo, que una estructura excesivamente concentrada en un único recurso también puede generar vulnerabilidades frente a cambios en los precios internacionales o en la demanda global.

Infraestructura y financiamiento: las claves
Para el agro, este nuevo escenario plantea una oportunidad y, al mismo tiempo, un desafío. La aparición de energía y minería como grandes generadores de divisas puede aliviar la presión histórica sobre el sector agropecuario, pero también obliga a profundizar las estrategias para que las cadenas agroindustriales mantengan su capacidad competitiva frente a una matriz exportadora cada vez más diversificada.
En ese sentido, el informe destaca que no alcanza con tener soja, maíz, trigo, carnes, lácteos o aceites competitivos: también resulta necesario contar con infraestructura, logística, financiamiento, información de mercados y organismos provinciales capaces de acompañar a las empresas en el proceso de internacionalización.
Una nueva competencia por los dólares
El comercio exterior argentino ingresa en una etapa diferente. El campo sigue siendo una de las grandes usinas de dólares del país y la agroindustria continúa sosteniendo una parte decisiva de las exportaciones, pero ya no está sola. La verdadera oportunidad será convertir la convivencia entre agro, energía y minería en una plataforma de desarrollo más amplia, capaz de generar divisas, inversiones, empleo y capacidades productivas en todo el territorio nacional.





