Javier Milei dejó con la mano en el aire a autoridades que lo saludaron a autoridades que, como él, participaron del Tédeum en la Catedral Metropolitana.
Al entrar a la catedral, Milei dejó a Jorge Macri, jefe de gobierno porteño, con la mano extendida. Sorprendido, hizo un gesto con la cabeza, extrañado ante el impase.
Unos metros después, el Presidente volteó para no mirar a la cara a Victoria Villarruel, su vicepresidenta.
“Tenemos hambre de solidaridad”
Jorge García Cuerva, arzobispo, dio un discurso en el que plantó implícitamente a la Iglesia por un camino distinto al del gobierno nacional.
“Tenemos hambre de solidaridad”, dijo García Cuerva. “No se construye desde la guerra entre nosotros”, agregó. Insistió en el respeto al otro, al diálogo, en no emplear lenguaje violento y en pensar en quienes tienen dificultades en la cotidianidad.
Enfrente, Milei lo miraba desde una silla y un atril que le instalaron en medio del pasillo. No quiso sentarse en los bancos junto con los demás asistentes, como si no fuera una persona más.
A Milei se lo vio en todo momento serio, acaso molesto.





