La aprobación a medias de la Ley de Propiedad Privada en el Senado dejó expuesto algo bastante más profundo que un simple conteo de bancas. El oficialismo logró sacar una versión podada de un proyecto que vendió como prioritario, pero la foto del día después no fue de festejo. Fue de catarsis. Y la firmó Patricia Bullrich en sus declaraciones de esta mañana en Radio Rivadavia.
“Esta ley vino un poco endiablada”, soltó la senadora para justificar el desgaste de tres meses de tratamiento. En su repaso, apuntó directo a la interna institucional: “En el medio tuvimos que parar el Congreso un tiempo hasta definir la decisión respecto al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Eso nos paró dos sesiones importantes y después tuvimos el Mundial y fue casi imposible poder trabajar con la gente explicando la ley”. Una sinceridad brutal: el tiempo pasó, la atención pública se evaporó y al recinto llegó lo que se pudo rescatar.
El dardo tampoco se dirigió únicamente hacia la oposición ni hacia la coyuntura. Ante los murmullos de interna contra los impulsores del megaproyecto original en el Ejecutivo, intentó bajar el tono con una frase que terminó entrelíneas: “Yo no creo que haya vencedores y vencidos dentro del oficialismo, acá se trabaja en equipo, no hay nada que responsabilizar a nadie”. Sin embargo, marcó una línea clara sobre cómo debe gestionar el Gobierno de acá en adelante: “Esas leyes ómnibus que meten muchos temas terminan generando una gran confusión… Desde el Gobierno tenemos que apuntar bien y mirar bien las cosas más importantes y trascendentes”.
Lo interesante no es que la oposición ponga palos en la rueda; de eso se trata la política. Lo sintomático es que sea la propia jefa del bloque libertario quien ponga en voz alta la necesidad de recalibrar la estrategia oficialista. De hecho, dejó una definición que suena a balance de gestión parlamentaria: “Hay que tomar una agenda que tenga que ver con temas sociales, educativos, y no solo económicos, que la gente sienta cómo la beneficia”.
Las leyes siguen su curso y la rosca política no frena, pero el mensaje de hoy fue inequívoco. Como cerró la propia Bullrich para salir del paso: “No hay preocupación en el Gobierno, hay ocupación”. La lección que dejó el Senado, de todos modos, es transparente: cuando la política se dispersa entre frentes abiertos y leyes recargadas, los proyectos se deshilachan solos.




