Estados Unidos propuso poner fin al mandato del Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas (C-24), el organismo que desde hace décadas constituye uno de los principales escenarios internacionales para el reclamo argentino sobre la soberanía de las Islas Malvinas, en medio de la creciente tensión entre el gobierno de Javier Milei y el Reino Unido por la explotación petrolera del archipiélago. La iniciativa fue planteada por Washington el 15 de octubre ante la Cuarta Comisión de la Asamblea General de la ONU y sostiene que el comité perdió su propósito original y representa un gasto innecesario de recursos.
La representación estadounidense cuestionó que el organismo continúe revisando anualmente cuestiones vinculadas con territorios que, según su interpretación, ya no responden al escenario internacional de 1961, cuando fue creado. En ese sentido, afirmó que el C-24 “dejó de cumplir su propósito original” y que “opera como si nada hubiera cambiado”, pese a que más de 80 antiguas colonias se incorporaron posteriormente como Estados miembros de Naciones Unidas.
Washington también criticó los costos asociados al funcionamiento del comité y calificó como “un desperdicio de tiempo y recursos de la ONU” los viajes que realiza anualmente a distintos destinos del Caribe y el Pacífico Sur. La propuesta, sin embargo, no menciona específicamente a las Malvinas, aunque su eventual desaparición tendría una consecuencia directa sobre la estrategia diplomática argentina.
Un ámbito clave para el reclamo argentino
El C-24 fue creado en 1961 para impulsar los procesos de descolonización y supervisar la situación de los territorios no autónomos. Para la Argentina, constituye un foro central porque allí presenta cada año su posición sobre Malvinas y obtiene resoluciones que reconocen la existencia de una disputa de soberanía y llaman a Buenos Aires y Londres a retomar las negociaciones.
El planteo estadounidense aparece, además, en un momento especialmente sensible. En junio, el canciller Pablo Quirno denunció ante ese organismo la “militarización” y la “explotación unilateral de los recursos naturales” de las islas por parte del Reino Unido y reclamó nuevamente el diálogo bilateral.
A esto se suma la ofensiva del Gobierno argentino contra el proyecto petrolero Sea Lion. La Casa Rosada recurrió al Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede en Hamburgo, para intentar frenar la explotación de hidrocarburos en las islas. Londres respondió respaldando las actividades de las empresas involucradas.
La propuesta de Washington también introduce una contradicción en la relación entre Milei y Donald Trump. El presidente estadounidense había expresado su respaldo al reclamo argentino por Malvinas, una posición que el Gobierno utilizó para reforzar su estrategia diplomática.
En su última intervención ante la Asamblea General, Milei volvió a defender la soberanía argentina sobre el archipiélago y cuestionó duramente el funcionamiento de Naciones Unidas, organismo al que calificó de “inútil” y acusó de “mirar hacia otro lado con la causa” Malvinas.




