Hay algo que cambió en la Argentina y que probablemente termine marcando todo lo que viene: 2027 empezó mucho antes de lo previsto. En París, durante la Argentina Week, el Gobierno de Javier Milei sentó en una misma mesa a 13 gobernadores aliados y dialoguistas y puso en marcha un operativo que tiene bastante de política tradicional y bastante de pragmatismo libertario. El objetivo es concreto: conseguir respaldo en el Congreso para la Reforma electoral (eliminar las PASO) y avanzar con el Presupuesto 2027. A cambio aparecen promesas de financiamiento internacional, participación en la discusión presupuestaria, transferencias pendientes, alternativas de subsidios y hasta una suerte de tregua electoral: no competir con candidatos propios de La Libertad Avanza en determinados distritos. En política, las coincidencias suelen durar lo que dura una votación, pero las necesidades pueden durar bastante más.
El problema es que mientras el Gobierno negocia con los gobernadores, los mercados parecen negociar con el Gobierno. Luis Caputo volvió a París para explicar que la Argentina tiene una oportunidad de inversión y planteó que “el riesgo está en perder la oportunidad de invertir en la Argentina”. Pero el riesgo país volvió a subir y mostró que las palabras, por sí solas, no alcanzan para convencer a quienes miran los números. El mercado quiere saber cómo se financiará 2027, cómo se atravesarán los vencimientos, qué pasará con las reservas y, sobre todo, cuánto de la estabilidad económica puede sostenerse cuando la política empiece a ocupar cada vez más espacio. La economía puede ser una ciencia, pero en la Argentina tiene también una memoria extraordinaria.
Y allí aparece la interna libertaria. Patricia Bullrich volvió a decir que no renuncia a su sueño presidencial. “Digo sí”, respondió cuando le preguntaron si quería llevarlo adelante. No se apura, dice, pero tampoco se baja. Es una señal política en un espacio que todavía tiene que resolver cómo será su armado hacia 2027. Porque mientras el oficialismo intenta mostrar unidad y previsibilidad hacia afuera, adentro ya aparecen dirigentes que empiezan a mirar el calendario con otros ojos.
En la provincia de Buenos Aires, la discusión es todavía más sofisticada. La pelea por las reelecciones de intendentes y legisladores quedó atada a una negociación mucho más grande, que incluye las vacantes de la Suprema Corte bonaerense. Son cuatro lugares que deben cubrirse y que, en medio de la disputa política, adquirieron un peso que excede largamente la cuestión judicial. Porque completar la Corte significa también modificar el escenario en el que eventualmente deberán resolverse cuestiones institucionales sensibles, entre ellas aquellas vinculadas con los límites a las reelecciones.
Hay que decir que como son tres integrantes de siete, para resolver cada sentencia se convoca un juez ad hoc, generalmente del tribunal de casación penal. Alguno hablan que también dejaría su lugar la Jueza Hilda Kogan. Que si bien supera los 75 años, fuentes cercanas a la Corte dicen que “no parece que renunciaría”. Si bien algunos afirman que el escenario es muy propicio para las nominaciones, una de las hipótesis radica en que tal vez, “el mayor poder de decisión de Kicillof resida en no proponer“. Que le interesa a los “Cortesanos”, la autarquía financiera.
El gobernador, en caso de nominarlos ahora, tendría que distribuir los nombramientos y eso lo dejaría, quizás en minoría. De este modo, no ha tenido ningún problema con esta conformación del máximo tribunal bonaerense.
Y ahí aparecen las distintas tribus. Kicillof, Massa y La Cámpora no necesariamente miran el mismo tablero ni tienen idénticos intereses, aunque formen parte del universo peronista. El Frente Renovador no estaría dispuesto a acompañar determinadas modificaciones porque fue parte de la negociación que convalidó el límite establecido durante el gobierno de María Eugenia Vidal. La Cámpora, por su parte, pretende que la discusión quede vinculada con las PASO, el desdoblamiento electoral, la Boleta Única de Papel y la designación de los jueces de la Corte. Los intendentes presionan porque para ellos la discusión no es académica: es la posibilidad de seguir jugando el partido desde el mismo lugar.
El esquema que circula plantea una Corte donde puedan convivir las distintas expresiones políticas: tres para el peronismo, y uno para el radicalismo (El cargo de la UCR, según las fuentes consultadas, “sería para la esposa de Maxi Abad, Marina Sánchez Herrero“). Algunos recuerdan los votos de los radicales para el presupuesto y el endeudamiento. La Libertad Avanza, en principio, quedaría afuera. Y allí aparece la ironía: una provincia que discute la reelección indefinida termina necesitando primero ponerse de acuerdo sobre quiénes serán los jueces que podrían tener que interpretar las reglas de esa misma discusión. La Justicia queda en el centro de la política justamente cuando la política debería intentar preservar a la Justicia de sus propias urgencias.
Y como si faltara otra mesa de poder, está la AFA. Allí también hay una interna que merece ser mirada más allá del resultado de un partido. Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino siguen formando parte de una misma estructura de conducción, pero ya no parecen tener exactamente la misma hoja de ruta. Las diferencias pasan por el manejo interno de la AFA, el arbitraje, las designaciones y el modo en que se distribuye el poder alrededor de la conducción del fútbol argentino.
Tapia es el presidente y construyó en los últimos tiempos una relación política cada vez más visible con Axel Kicillof. La imagen de ambos en el nuevo estadio Diego Armando Maradona de La Plata no fue solamente una fotografía deportiva: también mostró una cercanía política en un momento en que la interna peronista comienza a ordenar sus piezas hacia 2027.
Toviggino, en cambio, tiene otra geografía política. Su vínculo con Gerardo Zamora y con el espacio de Sergio Massa forma parte de una red de relaciones construida durante años. Y cuando el peronismo empieza a discutir liderazgo, territorio y candidaturas, esas diferencias terminan inevitablemente entrando por la puerta de la AFA, aunque nadie las anuncie en conferencia de prensa.
También hay un elemento territorial que explica parte de la tensión: La Plata frente a Santiago del Estero. La elección de determinados escenarios para las finales y las decisiones sobre dónde se juega cada partido tienen una dimensión deportiva, pero en la estructura del fútbol argentino también representan poder, influencia y reconocimiento territorial. El fútbol, después de todo, hace rato dejó de ser solamente fútbol cuando alrededor de una pelota se sientan dirigentes, gobernadores, empresarios y dirigentes políticos.
Tapia y Toviggino no están formalmente enfrentados en una ruptura definitiva. De hecho, continúan compartiendo espacios y vínculos. Pero cuando dos hombres que durante años caminaron prácticamente por la misma senda empiezan a tener distintas alianzas políticas, distintas prioridades y diferentes miradas sobre el poder interno, algo cambia aunque todavía no haya divorcio.
Y quizás ese sea el hilo que une todas estas historias. París, el Congreso, los gobernadores, los mercados, Bullrich, Kicillof, Massa, La Cámpora, la Corte bonaerense, Tapia y Toviggino parecen pertenecer a mundos diferentes. Pero todos están mirando lo mismo: quién tendrá poder cuando llegue 2027.





