Pese al desfile de cuotas y descuentos, las ventas cayeron 2,5% interanual en términos reales. En los comercios, la jornada sirvió solo como liquidez de emergencia para cubrir costos.
La fecha clave del calendario comercial de agosto dejó un saldo agridulce para los comercios minoristas. El esperado impulso del Día del Niño no logró revertir la apatía que viene mostrando el consumo masivo: según los datos relevados por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas cayeron un 2,5% medido a precios constantes en comparación con el mismo período de 2025.
El comportamiento del consumidor volvió a guiarse por la prudencia. Si bien más del 80% de los comercios implementaron estrategias de atracción, principalmente facilidades con tarjeta de crédito y rebajas por pago en efectivo, la tracción no alcanzó para modificar la tendencia general de la actividad.
El ticket promedio se ubicó en $45.892, lo que representó un incremento nominal frente a los $33.736 del año pasado, pero que en términos reales apenas tradujo un avance marginal del 0,8%. En la práctica, el gasto por comprador se mantuvo estancado.
Los rubros más impactados
La desaceleración afectó a la totalidad de las categorías analizadas, aunque la brecha entre sectores muestra preferencias marcadas al momento de recortar:
Juguetería (-4,8%) e Indumentaria (-4,1%): Fueron los segmentos más resentidos. Al tratarse de consumos altamente prescindibles o fácilmente postergables, sintieron el mayor golpe del presupuesto familiar.
Calzado y marroquinería (-3,1%): Registraron un comportamiento similar, con ventas orientadas a productos de menor valor unitario.
Librería (-1,8%) y Electrónica/Celulares (-1,0%k): Mostraron las caídas más acotadas, sostenidos en parte por la necesidad de reposición de artículos escolares y las ofertas puntuales en tecnología de gama media o baja.
Márgenes ajustados para sostener la caja
El diagnóstico que surge del relevamiento de CAME expone el verdadero dilema del sector minorista: la rentabilidad versus la liquidez. Para más del 40% de los comerciantes, los resultados estuvieron por debajo de lo previsto originalmente, y apenas un 9% consideró que la fecha sirvió para dinamizar de manera estructural la facturación del mes.
En gran medida, los comercios debieron absorber los costos financieros del pago en cuotas y resignar margen operativo a través de descuentos directos para evitar el acumulamiento de stock. Así, la jornada terminó funcionando como un mecanismo de oxígeno financiero de corto plazo, útil para rotar inventario y cubrir costos fijos, más que como un motor de reactivación genuina de la demanda.




