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El error de diagnóstico: por qué el fin del Monotributo solo parirá clandestinidad

Por Noelia Villafañe

​La tentación tecnocrática de simplificar la realidad desde un Excel suele chocar de frente contra el asfalto de la Argentina real. El persistente rumor de una reforma fiscal que busca eliminar el Monotributo -bajo la promesa de una supuesta “formalización”- adolece de un pecado de origen: un diagnóstico completamente disociado de la calle. Si bien desde el oficialismo se intenta bajar el tono argumentando que se trata de una vieja recomendación del FMI que el Gobierno no tiene en agenda, la realidad desmiente el relato.

​¿Cómo se explica, si no, que el tema ya se esté analizando de forma quirúrgica en el Consejo de Mayo? En ese espacio, conformado por el propio Poder Ejecutivo, no se tratan temas al azar ni se juega a la teoría; allí se debaten las próximas políticas de Estado. Quien quiera verificarlo solo debe remitirse a la página 277 del Informe con Recomendaciones de Consejeros del Consejo de Mayo (publicado el 09 de diciembre de 2025 y disponible en la plataforma Mi Argentina). Lo que allí se discute no es un borrador inocuo, sino un golpe directo al corazón del trabajador independiente: o se eliminan las categorías más altas conservando solo las más bajas con un incremento brutal del 300%, o se elimina el régimen por completo para migrar hacia un sistema de Flat Tax (impuesto plano) del 10%.

​El plano de la teoría económica asume que estas alternativas ensancharán las bases tributarias o simplificarán la recaudación. La praxis social demuestra lo contrario: el resultado no será la formalidad; será, lisa y llanamente, la clandestinidad absoluta. El plan impositivo oficialista se hamaca entre premisas que merecen ser desarmadas con urgencia.

​La primera de ellas es el mito del “enanismo fiscal”, esa sospecha de que el monotributista es un evasor crónico que se atrincheran en las escalas bajas para esconder su riqueza. El error conceptual es galopante. En la Argentina actual, no hay enanismo fiscal; lo que hay son ingresos de pobreza. ¿Cómo se explica que un acompañante terapéutico que trabaja doble turno sosteniendo a pequeños con discapacidad perciba menos de $ 800.000 mensuales? ¿Es un enano fiscal un enfermero precarizado que le factura al propio hospital público un monto similar? Rotundamente no. No están especulando para evadir; están pedaleando en el barro para subsistir.

​Llevar a estos sectores a la intemperie del régimen general o al delirio del Flat Tax del 10% es una condena de exclusión. Pensemos en un emprendedor que factura $2.000.000 al mes: bajo el esquema plano que se debate, tendría que pagar $ 200.000 mensuales sólo por el derecho a emitir una factura. Y aquí viene la trampa macabra: esos $ 200.000 no incluirían ni un solo peso de aporte jubilatorio ni cobertura de Obra Social. Además, el trabajador perdería el derecho al Salario Familiar y debería sumar a ese costo el Impuesto a los Ingresos Brutos provincial. Es una asfixia matemática.

​La segunda bandera de la reforma sostiene que los aportes del monotributista son deficitarios para el sistema previsional. Es una verdad a medias que esconde una consecuencia desastrosa: el “efecto espanto”. Cuando el trabajador de ingresos magros sea obligado a elegir entre pagar impuestos confiscatorios o asegurar el plato de comida, elegirá sobrevivir. Al pasar a la clandestinidad, su aporte previsional pasará a ser de exactamente cero pesos, afectando de forma inmediata el flujo de fondos que hoy sostiene a los jubilados actuales. Lo paradójico -y fiscalmente torpe- es que ese mismo trabajador, excluido y precarizado, terminará tocando las puertas del Estado años más tarde para acceder a una Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM). El Estado no ahorra; duplica la vulnerabilidad futura y destruye el ingreso presente.

​Romper el Monotributo bajo la fantasía de que la formalidad se decreta con látigo impositivo es desconocer la estructura laboral del país. Destruir este sistema no va a recaudar más; solo va a empujar a una masa crítica de millones de trabajadores a operar completamente bajo el radar. Castigar la subsistencia y etiquetarla de “enanismo” es el camino más directo para parir una economía totalmente en negro, precaria y subterránea.

La Autora del artículo es Contadora Pública Nacional y PP // Titular de MARA (Monotributistas Asociados República Argentina)

11 4046 9675

www.monotributistasasociados.com.ar

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