Ayer, el intendente Ramón Lanús rompió con el manual tradicional de la política local y mudó el balance de gestión de los despachos oficiales al encuentro directo con el vecino. Bajo el nombre de “Rendición de Cuentas y Plan 12 Meses”, el jefe comunal presentó los resultados del ejercicio 2025 y, lo más importante, puso fecha y firma a los compromisos para este 2026.
Lo que vimos en San Isidro no fue solo un acto institucional; fue una apuesta estética y política. Frente a un auditorio de vecinos, comerciantes y referentes de instituciones intermedias —lejos del hermetismo de las sesiones cerradas para funcionarios—, Lanús exhibió números que buscan consolidar su perfil de “gestor eficiente”.
El corazón del informe se centró en la Seguridad. Con una baja del 40% en robo automotor y del 25% en ingresos a viviendas durante el último año, el municipio redobla la apuesta para los próximos meses: la llegada de 225 armas no letales para la Patrulla Municipal y la expansión del sistema de videovigilancia hasta rozar las 3.000 cámaras. La intención es clara: que la tecnología supla las falencias de recursos que atraviesan todos los distritos del conurbano.
Pero la columna vertebral del discurso fue la transparencia fiscal. Lanús insistió en el concepto de “ahorro inteligente”, mencionando licitaciones que permitieron bajar costos operativos de forma drástica, dinero que —según prometió— será volcado al desarrollo urbano del oeste, especialmente en Villa Adelina y Boulogne.
Para quienes seguimos de cerca la política municipal, el mensaje de fondo es evidente: San Isidro está intentando dejar atrás décadas de un estilo personalista para pasar a un modelo de gestión por resultados. El desafío, por supuesto, será que esos “tableros de control” se traduzcan en una mejora real de la calidad de vida en cada barrio. Por ahora, la hoja de ruta está sobre la mesa y, al menos ayer, el intendente eligió rendir el examen frente a sus propios mandantes.





