El nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, enfrenta serias dudas sobre su estado de salud y su capacidad de gobierno tras resultar gravemente herido en el bombardeo del 28 de febrero que mató a su padre, Ali Jamenei, en el inicio de la guerra con Estados Unidos, según revelaron fuentes de su entorno a la agencia Reuters en un contexto clave marcado por negociaciones de paz en Pakistán.
De acuerdo con estos testimonios, el dirigente presenta lesiones severas y permanece fuera del foco público desde que asumió el poder el pasado 8 de marzo.
Lesiones graves y ausencia total de imágenes
Tres personas del círculo íntimo del líder iraní confirmaron que el impacto del ataque dejó secuelas importantes.
Según trascendió, Jamenei tiene el rostro desfigurado y heridas graves en las piernas. Incluso, informes de inteligencia estadounidense sugieren que podría haber perdido una de ellas.
A pesar de este cuadro, su entorno sostiene que sigue activo en la toma de decisiones:
“Se mantiene mentalmente ágil y ya toma decisiones clave sobre la guerra”.
Sin embargo, el hermetismo es total. Desde su designación, no se difundió ninguna imagen, video ni registro audiovisual que confirme su estado actual.
Su participación en reuniones de alto nivel se limita a comunicaciones remotas, lo que alimenta la incertidumbre política en Teherán.
Poder en duda en plena negociación con EE.UU.
La falta de exposición pública tiene una explicación directa: el bombardeo que lo dejó herido fue devastador. En ese ataque murieron no solo el ayatola Ali Jamenei, sino también familiares cercanos del actual líder.
La única referencia oficial fue una mención en la televisión estatal iraní, donde fue descrito como:
“un herido de guerra”, término que suele utilizarse para lesiones permanentes y de gravedad.
El momento en que se filtra esta información no es menor. Coincide con el inicio de negociaciones clave entre Irán y Estados Unidos en Islamabad, mediadas por Pakistán.
En ese contexto, surge una pregunta central: quién ejerce realmente el poder en Irán.
La ausencia física del líder en un momento de máxima tensión internacional genera dudas sobre la estabilidad interna del país y su capacidad para sostener decisiones estratégicas en medio del conflicto.





