El Consejo de la Unión Europea aprobó este viernes el acuerdo comercial con el Mercosur, despejando uno de los principales obstáculos políticos para la ratificación del entendimiento alcanzado hace poco más de un año entre Bruselas y el bloque sudamericano integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. De concretarse plenamente, el pacto dará lugar a la zona de libre comercio más grande del mundo, con más de 720 millones de consumidores potenciales.
La decisión, adoptada por mayoría cualificada pese a la resistencia de países como Francia, Polonia, Irlanda y Hungría, llega en un contexto internacional convulsionado. Para la Unión Europea, no solo está en juego un acuerdo económico, sino también su credibilidad como actor global capaz de cerrar alianzas estratégicas en medio de un escenario geopolítico sacudido por la captura de Nicolás Maduro y el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca con una agenda marcadamente unilateral.
Un giro estratégico de Bruselas en tiempos de tensión global
Desde Bruselas reconocen que el acuerdo con el Mercosur se convirtió en una necesidad geoeconómica. La agresiva política arancelaria de Estados Unidos durante 2025 y las amenazas recientes de Washington sobre distintos territorios empujaron a la UE a acelerar su estrategia de diversificación de alianzas. En ese camino, el pacto con el Mercosur aparece como la “joya de la corona”.
Según estimaciones de la Comisión Europea, el acuerdo permitirá acceder a un mercado de 270 millones de habitantes, con un PBI conjunto cercano a los 2,7 billones de euros. Bruselas proyecta que las exportaciones europeas podrían crecer hasta 84.000 millones de euros, con la creación de más de 750.000 empleos, impulsando sectores clave como el automotor, la industria química y la farmacéutica, además de la agroalimentación.
El entendimiento prevé una reducción drástica de aranceles, especialmente en productos como queso (28%), vino (27%) y bebidas espirituosas (35%), lo que mejora el acceso de las economías europeas al mercado sudamericano, pero también abre oportunidades para las exportaciones del Mercosur hacia Europa.
Protestas agrícolas y salvaguardas para destrabar el acuerdo
El principal foco de resistencia sigue siendo el sector agrícola europeo, que volvió a manifestarse esta semana en distintas capitales del continente. Los productores advierten sobre una competencia desigual frente a las importaciones sudamericanas, incluso después de que la UE incorporara salvaguardas semiautomáticas a fines de 2025.
Estas cláusulas permiten reactivar aranceles de manera temporal si se detectan distorsiones en el mercado interno, como un aumento significativo de importaciones o caídas de precios superiores al 10%. Aun así, las protestas no cesaron, pese a que la Comisión propuso adelantar pagos de la Política Agraria Común y suspender temporalmente aranceles a fertilizantes para aliviar costos.
Con la aprobación formal de los Veintisiete, una vez completado el procedimiento escrito este mismo viernes, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, junto al titular del Consejo Europeo, António Costa, quedarán habilitados para firmar el acuerdo de asociación y el tratado de libre comercio con el Mercosur.





