En Adultescentes, me propongo explorar una paradoja preocupante: la desconexión entre generaciones, y cómo esta afecta profundamente la relación con los adolescentes de hoy. Este libro no se limita a un análisis de la adolescencia, sino que lo amplía al observar que, muchas veces, lo que creemos ser un “problema” de los jóvenes es, en realidad, un síntoma claro de las grietas y carencias del mundo adulto. En lugar de ver a los adolescentes como un enigma o un obstáculo a corregir, los invito a verlos como el reflejo de una crisis más profunda: una crisis de adultez.

A lo largo del texto, desmontamos los mitos comunes sobre la juventud actual: su aparente apatía, su rechazo a las estructuras familiares tradicionales, su adicción a las pantallas y la creciente fragilidad emocional. Sin embargo, en lugar de culpar a los adolescentes, mi mirada se dirige hacia los adultos, particularmente padres, madres y educadores, que han dejado de cumplir su rol de guías. En lugar de ofrecer una autoridad firme y compasiva, muchos adultos se han convertido en adultescentes: personas que viven en una adolescencia eterna, que rehúyen de las responsabilidades adultas y que están emocionalmente ausentes o perdidos.
El término adultescentes es clave en el libro. Alude a aquellos que, más allá de ser jóvenes que tardan en madurar, son adultos que rehúyen de madurar. Esta categoría no solo implica una disfuncionalidad en los jóvenes, sino una reflexión sobre nuestra incapacidad para ofrecer modelos sólidos de adultez. Así, la adolescencia no es vista como una crisis aislada, sino como un reflejo de nuestra propia incapacidad para asumir la adultez plena.
Desde un enfoque crítico pero empático, el libro explora cómo las conductas problemáticas de los jóvenes —como el consumo de drogas, la violencia, la desconexión y la apatía— son en realidad respuestas a un entorno en el que los adultos están ausentes emocionalmente, sin límites claros ni modelos consistentes a seguir. La adolescencia no es el problema, sino la respuesta a una sociedad en la que los adultos, al desentenderse de su rol, dejan a los jóvenes a su suerte.
Uno de los conceptos más importantes que manejo es el de “dar vuelta el espejo”. Propongo que miremos las conductas de los adolescentes no como un reflejo de lo que ellos son, sino como un reflejo de lo que los adultos hemos dejado de ser. El malestar juvenil se convierte, entonces, en una oportunidad para que los adultos revisemos nuestro rol, recuperemos nuestra capacidad de ser guías afectivos y simbólicos, y reconstruyamos el vínculo con los jóvenes desde un lugar de mayor responsabilidad y compromiso.
A lo largo de Adultescentes, no ofrezco respuestas fáciles ni una visión fatalista de la situación, sino que propongo herramientas y preguntas que pueden ayudar a reconstruir ese puente entre generaciones. El libro está dirigido a padres, madres, educadores, psicólogos y cualquier persona que quiera entender mejor a los adolescentes, pero también quiere asumir su papel como adulto de manera más comprometida, humana y reflexiva.
Este texto no solo es una invitación a reflexionar sobre los adolescentes, sino también a revisar nuestra propia adultez y a darnos cuenta de que la crisis juvenil que percibimos puede ser una oportunidad para hacer una crítica profunda y constructiva a nuestra sociedad y a los vínculos que construimos con las nuevas generaciones.
Estoy realmente muy feliz con la realización de este libro que en lo personal significa mucho más que un texto, es el fruto de muchos años de trabajo con padres y jóvenes, espero lo disfruten tanto como yo al escribirlo.
IG adriandallastaok





