Miguel Ángel Russo se convertirá en el nuevo director técnico de Boca Juniors, una vez que se resuelvan los aspectos contractuales pendientes con San Lorenzo de Almagro. Esta decisión marca el inicio de una tercera etapa en la relación entre el experimentado entrenador y la institución xeneize.
La designación de Russo representa una apuesta por la estabilidad y el conocimiento mutuo entre el jugador y el presidente. El técnico dirigió a Juan Román Riquelme como jugador durante la memorable campaña de la Copa Libertadores 2007, lo que les permitió construir una relación de respeto y comprensión táctica. Pero, y más importante aún, ya trabajó bajo su gestión con el diez como mandamás del fútbol, consolidando una dupla que conoce tanto las fortalezas como las exigencias del entorno boquense.
Esta experiencia previa sugiere que se podrían superar los conflictos internos que han caracterizado las gestiones técnicas recientes en Boca. Russo conoce perfectamente las dinámicas institucionales y la personalidad de Riquelme como presidente, lo que debería facilitar un trabajo conjunto más fluido y con menos interferencias.
La trayectoria de Russo avala esta decisión desde lo estrictamente deportivo. Incluso para quienes dudan de él por una cuestión etaria, tras su salida de Boca, su paso por Rosario Central logró resultados destacados, como la Copa de la Liga en el 2023. Y su trabajo actual en San Lorenzo durante una etapa compleja institucionalmente, demuestran su capacidad para adaptarse a distintos contextos y obtener resultados con los planteles disponibles.
El técnico se caracteriza por su pragmatismo y claridad conceptual, aspectos que podrían resultar beneficiosos para un Boca que necesita urgentemente estabilidad táctica y emocional. Su experiencia en el fútbol argentino y su conocimiento de la presión que implica dirigir en instituciones de gran magnitud constituyen activos importantes para afrontar los desafíos venideros.
La designación, además, se produce en un momento particular para el club, donde las expectativas y la presión mediática han alcanzado niveles extraordinarios. Mientras otros equipos grandes del fútbol argentino pueden transitar eliminaciones coperas o malos resultados deportivos sin generar controversias mayores, Boca enfrenta cuestionamientos incluso cuando logra clasificaciones por penales, como fue el caso ante Lanús en este mismo torneo. En otras palabras: Boca es el único equipo del fútbol argentino que no puede perder.
Esta situación excepcional de demanda constante requiere un técnico que comprenda no solo los aspectos tácticos, sino también la dimensión emocional y mediática que rodea al club. En este sentido, la experiencia previa de Russo en la institución se presenta como una ventaja significativa.
La nueva gestión técnica tendrá como objetivo principal clasificar a Boca para la próxima Copa Libertadores de América, además de preparar al equipo para su participación en el Mundial de Clubes. Para alcanzar estas metas, la dirigencia planifica incorporar al menos tres refuerzos de jerarquía durante el próximo mercado de pases. Nuevo técnico y una nueva jerarquización del plantel, la forma de salir del atolladero tras un primer semestre para el olvido.
Por último, hay un tema adicional que vale la pena mencionar. Riquelme hizo una fuerte autocrítica interna de lo que fue la salida de Russo en el 2021. El ciclo del entrenador había comenzado con el pie derecho, obteniendo títulos e imponiéndose ante River en duelos mano a mano. Pero la relación con el plantel se comenzó a desgastar y este dejó de rendir en la cancha. En ese momento, Riquelme decidió que lo mejor era cortar el ciclo del entrenador para oxigenar al plantel. Hoy el propio Román, internamente, se arrepiente de esa decisión.
Más allá de eso, el vínculo entre ambos no quedó dañado sino todo lo contrario, incluso con reuniones posteriores o declaraciones elogiosas entre ambos. Ese vínculo es el que hoy le permite a Russo volver a dirigir al xeneize en su tercer ciclo. En el primero, consiguió la Copa Libertadores. En su segundo paso, logró una liga y dos copas. El tiempo dirá que le depara esta vez, pero los pergaminos y el presente avalan su regreso.





