El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, abrió este martes 22 de septiembre el debate general de la 81ª Asamblea General de la ONU en Nueva York, donde defendió la soberanía de su país, cuestionó la injerencia extranjera en las elecciones, criticó el funcionamiento del organismo internacional y reclamó respuestas diplomáticas frente a las guerras. El mandatario también se refirió al crimen organizado, la economía mundial, Gaza y el cambio climático, en un discurso pronunciado horas antes de la intervención de Donald Trump.
Lula puso el foco en la soberanía y las elecciones de Brasil
Uno de los principales ejes del discurso fue la advertencia contra cualquier intento de intervención extranjera en el proceso electoral brasileño, previsto para el 4 de octubre. Lula sostuvo que el país cuenta con un sistema electoral sólido y aseguró que defenderá la voluntad expresada en las urnas.
“No permitiremos que los enemigos de la democracia, ya sean nacionales o extranjeros, socaven la voluntad popular”, afirmó.
El mandatario también cuestionó la división del mundo en áreas de influencia y rechazó que las grandes potencias condicionen las decisiones de otros países. “Brasil no pertenece al patio trasero de nadie”, enfatizó.
En esa línea, sostuvo que “las diferencias ideológicas no deberían obstaculizar una mayor integración entre vecinos” y calificó como anacrónicas las incursiones destinadas a obtener recursos estratégicos.
Lula también se refirió a Venezuela y defendió el derecho de sus ciudadanos a definir su futuro político. “El pueblo venezolano merece definir su propio destino”, sostuvo. Al mismo tiempo, cuestionó al gobierno de Nicaragua y reclamó que la oposición pueda participar de las elecciones.
El presidente brasileño vinculó además la soberanía política con el control de recursos estratégicos. En particular, afirmó que los minerales críticos y las tierras raras de Brasil pertenecen a su población y que su explotación debe contemplar beneficios para sectores estratégicos nacionales.
La advertencia electoral adquiere especial relevancia por la creciente tensión entre Brasil y Estados Unidos. Lula ya había anticipado que defendería ante Trump la autonomía de las decisiones brasileñas.
Críticas a las guerras, la ONU y la política internacional
La situación internacional ocupó buena parte de la intervención. Lula cuestionó la capacidad de Naciones Unidas para responder frente a los conflictos armados y sostuvo que el organismo atraviesa “el momento más crítico” de su historia.
“La guerra no es la continuación de la política por otros medios. Es la falencia total de la política”, afirmó, al defender la diplomacia como mecanismo para resolver las disputas.
También cuestionó el funcionamiento del Consejo de Seguridad y reclamó una transformación del sistema multilateral. En paralelo, criticó la ofensiva israelí en Gaza y reclamó acciones internacionales frente a la situación de la población palestina.
Otro capítulo estuvo dedicado a la seguridad. Lula reconoció el impacto de la violencia y del crimen organizado en Brasil, pero rechazó que la respuesta implique una presencia militar extranjera en territorio brasileño.
“La gente está cansada de la violencia. Pero no vamos a delegar la responsabilidad de defender nuestras fronteras y garantizar el derecho de la población a vivir sin miedo”, sostuvo.
Y agregó: “No necesitamos portaaviones protegiendo nuestras aguas. Necesitamos cooperación para frenar el flujo de armas y dinero que alimentan la delincuencia”.
El mandatario defendió así una estrategia basada en la cooperación internacional contra el financiamiento de las organizaciones criminales, el lavado de dinero y el tráfico de armas, pero bajo conducción brasileña.
En materia económica, Lula cuestionó además el uso de los aranceles como herramienta de presión entre países y advirtió sobre el debilitamiento del sistema comercial internacional. “Se están erosionando los pilares del multilateralismo”, señaló.





