Millones de seguidores, frases contundentes y consejos sobre vínculos no convierten a nadie en profesional de la salud mental. En tiempos de influencers que opinan sobre relaciones, trauma y bienestar emocional, aprender a distinguir entre experiencia personal, divulgación y acompañamiento profesional también es una forma de cuidarnos.
Abrimos Instagram, TikTok o YouTube y encontramos cientos de personas hablando sobre relaciones, apego, vínculos, dependencia emocional, narcisismo, límites, trauma y salud mental. Algunas comparten información valiosa. Otras cuentan sus propias experiencias. Y algunas, con una enorme cantidad de seguidores, comenzaron a ocupar un lugar que se parece cada vez más al de un profesional.
El problema no es que alguien hable de relaciones en internet. El problema aparece cuando la popularidad comienza a confundirse con formación.
Tener un millón de seguidores significa que muchas personas quieren escuchar a alguien. No significa necesariamente que esa persona tenga las herramientas profesionales para acompañar el proceso emocional de quienes la escuchan.
Una experiencia personal no es un método terapéutico.
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