Hace años escuchamos el mismo diagnóstico: que a los chicos no les interesa nada, que las pantallas les ganaron a los libros y cada vez es más difícil captar su atención. Sin embargo, estos días está pasando algo distinto. El interés apareció solo y llegó de la mano del Mundial.
Vale la pena detenerse a mirar lo que está pasando.
Si sabemos que los chicos aprenden mejor cuando algo despierta su interés, ¿por qué no aprovechar ese impulso? Enseñar no supone dejar de lado los contenidos, sino encontrar la mejor forma para que descubran que eso que aprenden también les sirve para entender el mundo que tienen delante de sus ojos. Justamente ahí es donde este Mundial ofrece una oportunidad que va más allá del fútbol: reúne países y culturas, cuenta historias de vida y nos acerca a realidades que en su mayoría desconocemos.
La curiosidad de los chicos está hoy más despierta que nunca. Llegan a la escuela y, en el recreo, hablan de la Copa del Mundo; quieren saber dónde queda ese país frente al que Argentina jugó uno de los últimos partidos o por qué un jugador nacido en un lugar termina defendiendo otra bandera.
Casi sin darse cuenta, comienzan a hacerse preguntas,y cuando esto ocurre, ya empezaron a aprender.
La escuela tiene una oportunidad enorme. No alcanza con prender un televisor para que los chicos vean a la selección en el aula o adelantar una hora la salida para que lleguen a sus casas. El verdadero desafío es transformar ese interés genuino en una herramienta para enseñar.
Un mapa deja de ser un dibujo cuando quieren conocer en qué continente queda Cabo Verde o cuál es su bandera; las estadísticas dejan de ser números cuando ayudan a entender la matemática; la historia de un jugador puede abrir una conversación sobre migraciones, identidad o integración. Si vamos un poco más allá, hasta la tecnología que hoy forma parte del fútbol, permite acercar a los chicos a la inteligencia artificial y a la innovación.
No es necesario que la escuela renuncie a los libros. Tampoco que reemplace los contenidos, ni que corra detrás de cada tendencia. Sí,quizá, animarse a leer el presente con los ojos de quienes están aprendiendo; porque cuando el mundo entra al aula, aprender deja de ser un ejercicio de memoria, y se convierte en una herramienta para entenderlo.
Todavía estamos a tiempo. El Mundial sigue despertando más preguntas, mayor entusiasmo y ganas de seguir descubriendo. Esa oportunidad entra cada mañana a la escuela de la mano de millones de chicos.
Enseñar no siempre empieza con una explicación, algunas veces puede ser cuando un chico hace una pregunta fuera de la curricula escolar.





