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Schoklender: 45 años de un asesinato aún con muchas preguntas aún sin responder

La aparición de un Dodge Polara color ladrillo con techo vinílico negro en la esquina de Coronel Díaz y Pacheco de Melo en pleno Barrio Norte, fue el primer capítulo de uno de los hechos de mayor repercusión policial de la historia argentina: el caso Schoklender.

En este hecho estuvieron, según la justicia, involucrados los hermanos Sergio y Pablo Schoklender que fueron detenidos, juzgados y condenados por el asesinato de sus padres, aunque ellos siempre negaron este hecho e intentaron desviar la investigación a una muerte por encargo por cuestiones de negocios turbios del progenitor.

La noticia fue primera plana de todos los diarios y de los noticieros de 1981 cuando ese 30 de mayo, el auto, que fue estacionado por la mañana frente al parque Las Heras, fue descubierto por los vecinos que sospecharon de algo grave cuando detectaron un hilo de sangre caía del baúl.

A las 19:00 de ese día la policía, con el departamento de explosivos, abrió el coche y se encontraron dentro de baúl con el macabro cuadro de dos cadáveres maniatados muy golpeados y con heridas de arma blanca y disparos.

Eran Mauricio Schoklender y su mujer Cristina Silva que estaban con sus ropas de cama y envueltos en sábanas con una muerte que tenía al menos 13 a 14 horas.

Inmediatamente se comprobó su identidad y las fuerzas policiales se dirigieron al piso de Belgrano donde vivía la familia y no encontraron a ninguno de los tres hijos de la pareja, Sergio, Pablo y Valeria, de solo 18 años.

El lugar también generó dudas a los investigadores al encontrarlo en ruinas tras un incendio que había soportado el departamento 15 días antes y que fue luego asociado con el tragedia final.

Durante seis días la prensa y el público vivió con expectativas la búsqueda de los dos hermanos varones que se fugaron de Buenos Aires, y así Pablo, el menor, fue hallado en Santiago del Estero escapando a caballo cuando fue descubierto y Sergio atrapado en la terminal de Mar del Plata cuando intentaba abordar un micro para el sur.

Ambos fueron culpados de la desaparición y muerte de sus padre, un ingeniero industrial con fuertes lazos con traficantes de armas centroamericanos y lazos con el poder militar.

Las crónicas de la época señalaron que los hermanos Schoklender integraban una familia en crisis y disfuncional con rasgos de negocios turbios de su padre y cierta crisis de la madre que incluyó abuso del varón menor de la familia.

Con el tiempo y ya en el proceso, Sergio se hizo cargo de la responsabilidad de los asesinatos aunque después cuando fue puesto en libertad condicional dijo que “fue presionado” y era inocente.

Sergio salió de la cárcel de Devoto con el título de abogado y en poco tiempo se acercó a la Fundación madres de Plaza de Mayo y se convirtió en hombre fuerte y asesor de su presidenta Hebe de Bonafini, done años después quedó envuelto en una denuncia de corrupción y estafa la Estado Nacional.

Pablo tuvo sus propias crisis, intentó suicidarse varias veces en la cárcel pero también luego fue beneficiado con la libertad y trabajó con las Madres, mientras la única hija de la pareja, Valeria nunca fue involucrada en el hecho.

Con respecto a qué sucedió con Ana Valeria, la otra hija del matrimonio, volvió a su casa aquella noche luego de que se produjera el crimen. No fue acusada del homicidio como sus hermanos. Casi no habló con los medios y desapareció de la escena. Habría cambiado su apellido y ya no viviría en el país.

Sergio, quedó tres décadas despues en el ojo de la tormenta por el manejo de fondos de construcción de viviendas sociales de las madres de Plaza de Mayo, “Sueños compartidos”, en un tiempo en que decía que ya había “cumplido con la ley”.

“Me procesaron, me condenaron, ya cumplí con la pena, la causa prescribió, en este país es injusto que se ensañen conmigo porque no debo nada. ¿Me tengo que esconder? ¿Me tengo que ir del país?. Yo creo que elegí el camino más honesto.”, señaló Sergio.

En esa línea agregó sobre la verdad de esos asesinatos que nunca tuvo una resolución clara: “A los únicos que les debo alguna explicación si me la piden es a las Madres, a mi hijo y a la gente íntima que me rodea. Creo que es injusto que te sigan acosando cuando cumpliste con la ley.”

Muchos aún creen en la versión de los hijos sobre su inocencia y “manos oscuras” que habrían perpetrado el crimen, otros acompañan el veredicto de la justicia, y en todo caso, se percibe que los hermanos no desean tocar de ninguna manera un tema que le cambió la vida para siempre. Un pacto de silencio de cuatro décadas que no piensan vulnerar.

Juicio por la causa “Sueños Compartidos”

Este pasado miércoles 27 de mayo, el ex apoderado de la Fundación de Madres de Plaza de Mayo, amplió  su declaración indagatoria en el juicio oral por la causa Sueños Compartidos que investiga presuntas irregularidades en la construcción de viviendas sociales.

En ese marco, reveló que Eduardo Barcesat, abogado defensor de los derechos humanos, habló con Hebe Pastor de Bonafini, “para que le transmita a Aníbal Fernández, que en aquella época monopolizaba el Ministerio del Interior, Justicia, era medio el dueño de todo…”.

“Él quería que le proponga comenzar a realizar una serie de denuncias permanentes contra funcionarios del PRO, pero necesitaba financiamiento”, continuó.

Y dijo que Barcesat “la convenció a Hebe, que habló con Aníbal y se armó un centro de investigación dentro de la universidad (de las Madres de Plaza de Mayo), que recibía un subsidio de Aníbal Fernández que iba directo a Barcesat, que tenía solamente la función de hacer nuevas denuncias contra algún funcionario del PRO”.

Esta es la segunda oportunidad en que el ex apoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo se defiende ante el Tribunal Oral Federal 5, compuesto por los jueces Adrián Grünberg, Adriana Palliotti y Ricardo Basílico, el juicio que comenzó en febrero pasado, 15 años después del inició judicial de la causa

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