Rosario Central venció 2 a 1 a Racing en Avellaneda en un partido que pareció sacado de otra época. Por el estado del campo de juego, por el desarrollo áspero y por la jerarquía intacta de Ángel Di María, el Cilindro fue escenario de un verdadero déjà vu futbolero. La Academia de Avellaneda sumó su segunda derrota consecutiva en el Torneo Apertura, mientras que el Canalla consiguió sus primeros tres puntos
Di María, crack eterno en cualquier cancha
En ese contexto, los cracks demostraron que lo son en cualquier superficie. Ángel Di María, que se formó en los potreros de La Cerámica, volvió a marcar la diferencia con su ADN intacto. Abrió el marcador con una acción de pura clase: control, gambeta corta y definición de tres dedos con su zurda, un lujo entre desniveles.
El segundo gol también nació de sus pies. Di María encabezó una contra, luchó con Colombo y, tras un rebote caprichoso, asistió con precisión para Campaz, que tocó de primera para que Alejo Véliz definiera. Con ese tanto, Central parecía encaminar el triunfo.
Racing reaccionó, pero no le alcanzó
Como en todo partido de potrero, el 2-0 no fue definitivo. Sobre el cierre del primer tiempo, Solari lanzó un centro perfecto y Maravilla Martínez descontó de cabeza. El asistente marcó fuera de juego, pero el VAR corrigió y convalidó el gol, porque el delantero estaba habilitado.
En el complemento hubo tensión, pierna fuerte y muchas amarillas. Racing empujó, tuvo chances y mereció el empate, pero le faltó claridad en los metros finales. Central resistió y se llevó un triunfo trabajado, de esos que valen más que tres puntos.





