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Milei acelera, el Peronismo duda y Argentina viaja en una calesita que no frena

Hay presidentes que gobiernan con decretos. Otros, con consensos. Javier Milei gobierna con algo más moderno y más antiguo a la vez: con el vértigo. Corre. Corre afuera, corre adentro, corre contra el calendario y también contra la paciencia social de quienes lo cuestionan. Y mientras los flashes internacionales le devuelven la imagen de un líder exótico pero funcional al tablero global, en la Argentina avanza como topadora legislativa, convencido de que el tiempo —como el mercado— no espera a nadie.

El país, claro, sigue partido en dos. Pero hay una grieta más silenciosa y decisiva: ese 15% móvil que no milita, no marcha, no twittea con furia, pero define elecciones. Hoy, ese segmento parece inclinarse por el Presidente. No porque nade en la abundancia —el bolsillo está flaco y lo sabe— sino porque la inflación, esa bestia cotidiana que devoraba sueldos, fue domada al menos en apariencia. En política, a veces, alcanza con que el incendio deje de expandirse, aunque el humo siga ahí.

El 30% propio de Milei está más firme que nunca. Y el voto prestado del balotaje, ese que llegó con la nariz tapada, hoy se muestra sorprendentemente conforme. No enamorado, pero sí convencido de que “no hay marcha atrás”. Desde la usina libertaria leen el tablero con optimismo: así como estamos, hay Milei para cuatro años más.

La reforma laboral es el corazón de esta etapa. El oficialismo se muestra sereno, aunque el toma y daca se concentra en dos artículos sensibles: los que reducen alícuotas impositivas y golpean la coparticipación. En cada provincia, Diego Santilli repite como un mantra que “nadie puede oponerse a una ley que busca generar empleo”. Los gobernadores escuchan, asienten… y pasan la cuenta. Aproximadamente un billón de pesos menos en recursos no es un detalle técnico: es política pura.

Desde la Casa Rosada juran que el costo fiscal será compensado por actividad y formalización. La promesa suena conocida, casi vintage, pero el Gobierno la sostiene con fe de converso. En paralelo, avanza otro debate espinoso: la baja de la edad de imputabilidad. Un crimen atroz en Santa Fe volvió a encender la discusión y Patricia Bullrich, fiel a su estilo, puso blanco sobre negro: o estás con las víctimas o sos funcional al delito. No hay grises. Nunca los hubo. Más agua para su molino.

El sindicalismo, mientras tanto, juega su propio ajedrez. La CGT negocia, conversa, estira los tiempos. Dice que habrá paro si no hay cambios, pero todavía no hay fecha ni épica. En el ala dura, Rodolfo Aguiar y Abel Furlán afinan la idea de una huelga directa, sin anestesia. La postal es conocida: dirigentes que discuten estrategias mientras el reloj corre más rápido que ellos.

Milei, ajeno a esas dudas, baja al territorio. El Tour de la Gratitud es más que una gira: es una escena política. Actos sin estructuras, contacto directo, liturgia libertaria. Mar del Plata es una parada clave, con acto, festival ideológico y hasta teatro. Todo suma en una campaña que nunca se detuvo.

Del otro lado, el peronismo parece atrapado en un laberinto de espejos. Kicillof arma poder territorial con intendentes, Máximo resiste, Cristina amenaza con volver para tensar la cuerda. Se habla de unidad, pero se preparan listas en los 135 distritos. La política como deporte de combate interno. El nombre de Magario empieza a sonar más fuerte, como si el futuro se escribiera en borrador.

Mientras tanto, la realidad —esa señora impertinente— golpea la puerta: tres meses consecutivos de caída del salario, consumo en supermercados en retroceso y mayoristas que no levantan cabeza. La economía toca piso… pero parece quedarse ahí, golpeando para ver si hay subsuelo.

Milei corre. La oposición camina. Los sindicatos dudan. Y la sociedad, cansada pero expectante, mira el reloj. En la Argentina de hoy, nadie frena del todo. Algunos porque no pueden. Otros porque no saben cómo. Y el Presidente, convencido de que el movimiento es poder, sigue acelerando, mientras la calesita gira y gira, sin música, pero con boleto de ida.

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