Año 1997. Camilo Wong “Chino” Moreno y sus secuaces musicales lanzan el segundo disco de estudio de Deftones, Around The Fur, el 28 de Octubre de ese año, a través de Maverick Records. No solo es considerado un clásico de la banda por su sonido, sino por la enigmática Lisa M. Hughes, una muchacha amiga de Stephen Carpenter, guitarrista de la banda, que protagoniza la portada en un contrapicado de lo más hot, que personalmente me recuerda al disco Leche, de Illya Kuryaki and The Valderramas.
Pero esa mirada esquiva y ese ángulo invasivo no fueron el resultado de una sesión de fotos de catálogo con presupuestos millonarios. Fue, más bien, un asalto visual. Rick Kosick, el fotógrafo curtido en el mundo del skate y los excesos de Jackass, capturó a Lisa en medio de una fiesta en un hotel de Washington. No hubo poses ensayadas ni retoques digitales; lo que ves es la incomodidad real de una mujer que, en ese momento, no quería ser el rostro de una generación, sino simplemente disfrutar de la noche.
Lisa estaba ahí, agachada, siendo observada por una lente de ojo de pez que la desnudaba estéticamente, muy en la línea de esa provocación visual que los Kuryaki supieron explotar en el cono sur con esa “Leche” saturada y pegajosa.
Esa es la verdadera esencia de Around The Fur. El disco suena como se ve la foto: crudo, sudado, claustrofóbico y extrañamente sexy. Mientras el Nu-Metal se hundía en el cliché de las gorras rojas y el berrinche adolescente, Deftones se distanciaba con una propuesta que mezclaba la violencia de los riffs con una atmósfera de ensueño y deseo. La historia cuenta que Lisa Hughes no se enteró de que sería la portada hasta que recibió una llamada pidiéndole permiso para usar el negativo. Al principio fue un rotundo no, pero terminó aceptando, convirtiéndose involuntariamente en la musa de un álbum que funciona como un viaje voyerista al centro de la furia.
Hoy, en la era de los filtros de Instagram y la estética pasteurizada de las plataformas, la portada de Around The Fur se alza como un testamento de la espontaneidad que la industria ha perdido. Es un recordatorio de que la belleza y el arte suelen esconderse en el rincón más sucio de una fiesta a las tres de la mañana. Al final del día, Chino Moreno y los suyos no solo nos entregaron himnos como “My Own Summer (Shove It)” o “Be Quiet and Drive (Far Away)”, sino que nos obligaron a mirar directamente a los ojos de esa chica en la pileta, recordándonos que el rock, cuando es de verdad, siempre es incómodo, siempre es intrusivo y, sobre todo, siempre es real.
¿Es posible hoy capturar una imagen tan honesta sin que el algoritmo la mutile por completo? Lo dudo. Around The Fur es el último gran suspiro de una crudeza que ya no se fabrica.





