Dinamarca y Groenlandia intentan abrir un canal de diálogo directo con el gobierno de Estados Unidos luego de que la Casa Blanca volviera a manifestar su interés en tomar control de Groenlandia, un territorio autónomo bajo soberanía danesa y considerado clave por su ubicación estratégica en el Ártico.
Ambas administraciones buscan reunirse con el secretario de Estado, Marco Rubio, en medio de un clima de creciente tensión diplomática, luego de que desde Washington se afirmara que “todas las opciones están sobre la mesa”, incluida una eventual intervención militar. Las declaraciones generaron un fuerte rechazo en Europa y encendieron alertas dentro de la OTAN.
Advertencias desde Europa y respaldo internacional
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que un avance estadounidense sobre Groenlandia representaría un quiebre profundo en las relaciones entre aliados y podría marcar el final del actual esquema de cooperación militar dentro de la OTAN. Desde Copenhague remarcan que la soberanía del territorio no está en discusión y que cualquier intento de imposición externa sería inaceptable.
El respaldo europeo no tardó en llegar. Los líderes de Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y el Reino Unido emitieron una declaración conjunta en la que subrayaron que Groenlandia “pertenece a su pueblo” y que cualquier decisión sobre su futuro debe surgir del consentimiento de sus habitantes, no de presiones externas.
Una isla estratégica en el centro de la disputa global
Groenlandia ocupa un lugar central en la geopolítica actual por su posición estratégica en el Ártico y su riqueza en minerales críticos, fundamentales para la transición energética y la industria tecnológica. Este contexto explica el renovado interés de Washington, aunque también profundiza la preocupación entre los aliados europeos.
Analistas coinciden en que el tono confrontativo del presidente Donald Trump introduce un nivel de incertidumbre inédito en las relaciones transatlánticas. Mientras tanto, Dinamarca y Groenlandia apuestan a desactivar la crisis por la vía diplomática, buscando preservar la estabilidad regional y evitar una escalada que podría redefinir el equilibrio de poder en el Atlántico Norte.





