El enojo es una emoción poderosa.
A veces necesaria, justa y hasta liberadora.
Pero otras veces, es la forma que encuentra el dolor para expresarse sin que tengamos que enfrentarlo directamente.
Enojarse puede ser más cómodo que sentir tristeza, miedo o vulnerabilidad.
Porque el enojo suele generar distancia.
Y esa distancia puede protegernos del impacto de lo que realmente duele.
Sin embargo, cuando el enojo se vuelve el modo principal de relacionarnos con lo que nos afecta, puede aislarnos.
Puede alejar a quienes podrían ayudarnos.
Y puede impedir que nos demos permiso para procesar el dolor que está debajo.
Reconocer que detrás del enojo hay un dolor que necesita atención es un paso fundamental para la sanación.
No se trata de negar el enojo, sino de abrir espacio para que el dolor también sea escuchado y acompañado.
Si sentís que el enojo está tapando otras emociones en vos,
y querés encontrar maneras más saludables de expresarlas y trabajarlas,
podés comenzar un proceso de acompañamiento conmigo.
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