El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, afirmó este domingo que Washington está dispuesto a intensificar la presión financiera sobre Rusia con el objetivo de forzar el fin de la guerra en Ucrania. En declaraciones al programa Meet the Press de NBC News, sostuvo que el gobierno de Donald Trump busca coordinarse con la Unión Europea para imponer sanciones más duras a los países que continúan comprando petróleo ruso.
“Estamos preparados para aumentar la presión sobre Rusia, pero necesitamos que nuestros socios europeos nos sigan”, señaló Bessent. Según el funcionario, la clave está en una estrategia conjunta que permita debilitar la economía rusa: “Si Estados Unidos y la UE intervienen, imponen más sanciones y aranceles secundarios a los países que compran petróleo ruso, la economía rusa colapsará por completo, y eso obligará al presidente [Vladimir] Putin a sentarse a la mesa de negociaciones”.
Las declaraciones se produjeron pocas horas después de que Rusia lanzara su mayor ataque aéreo desde el inicio de la invasión, con al menos cuatro muertos y un edificio gubernamental incendiado en Kiev.
El escenario internacional se complejiza en paralelo al frente interno. Bessent defendió la política arancelaria de Trump, aunque reconoció que enfrenta un fuerte desafío judicial. La Corte de Apelaciones del Circuito Federal falló recientemente que el expresidente abusó de su autoridad al imponer aranceles de emergencia del 50% a India, y ahora la Casa Blanca apeló la decisión ante la Corte Suprema.
“Confío en que ganaremos en la Corte Suprema”, dijo Bessent, aunque admitió que si el fallo es adverso, deberán devolver “aproximadamente la mitad de los aranceles recaudados”, lo que calificó como “terrible para el Tesoro”.
A pesar de las críticas, el secretario defendió el impacto económico de la estrategia de Trump: “Si las cosas están tan mal, ¿por qué el PIB fue del 3,3%? ¿Por qué la bolsa está en un nuevo máximo? Con el presidente Trump nos preocupamos tanto por las grandes como por las pequeñas empresas”.
La política exterior y la economía se entrelazan así en un momento de máxima tensión internacional, con Washington presionando a sus aliados europeos para escalar las sanciones contra Rusia, mientras la propia administración Trump enfrenta un frente judicial que podría limitar su margen de maniobra en materia comercial.





