La tensión en el Caribe subió varios grados este viernes luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzara una dura advertencia a Venezuela: cualquier aeronave militar que represente un peligro para los buques norteamericanos desplegados en aguas internacionales “será derribada sin dudarlo”.
El republicano habló desde el Despacho Oval en tono desafiante y reveló que el Pentágono ya tiene autorización para abrir fuego si lo considera necesario. La amenaza llegó tras un episodio que el Departamento de Defensa calificó como “altamente provocador”: dos F-16 venezolanos sobrevolaron agresivamente al destructor estadounidense USS Jason Dunham, parte de la flotilla desplegada en el Caribe contra el narcotráfico.
El choque aéreo ocurrió apenas un día después de que la Marina norteamericana hundiera una lancha venezolana, acusada de transportar droga y vinculada al Tren de Aragua. La embarcación explotó, murieron sus 11 tripulantes y desde Washington insistieron en que se trataba de criminales. Caracas, en cambio, denunció un ataque en aguas internacionales contra civiles.
Lejos de bajar el tono, Trump redobló la presión. “No estamos hablando de un cambio de régimen, como dice Maduro. Hablamos de un país que tuvo elecciones muy extrañas, por decirlo suavemente, y de un gobierno que actúa como un cartel de la droga”, lanzó.
La Casa Blanca ya reforzó el despliegue militar con 10 cazas F-35 en Puerto Rico, mientras el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el de Estado, Marco Rubio, dejaron claro que las operaciones antidroga continuarán.
El trasfondo es evidente: desde su regreso al poder, Trump convirtió a Nicolás Maduro en objetivo directo. El mes pasado, Washington elevó a 50 millones de dólares la recompensa por información que lleve a la captura del mandatario venezolano, acusado de encabezar el Cartel de los Soles.
Y mientras tanto, desde el ala Oeste, su asesor Stephen Miller fue aún más tajante: “Lo que está dirigiendo Venezuela no es un gobierno, es una organización de narcotraficantes”.
Con el Caribe convertido en escenario de tensión, la región vuelve a mirar con preocupación una escalada que amenaza con pasar del discurso a un choque armado abierto.





